Ningún perro entra “de una”.
La adaptación es un proceso progresivo en el que evaluamos la sociabilidad, la energía y la forma de vincularse de cada perro.
El ingreso se realiza de manera gradual, respetando los tiempos del perro y de la manada, para que todos se sientan seguros y tranquilos.
Este proceso es clave para cuidar al perro que ingresa y también a los que ya forman parte del grupo, manteniendo una convivencia equilibrada y saludable.